Entrenamiento de boxeo 

“El combate de mi vida” 

Entrenamiento de boxeo de Quique Guijarro

¡Hola de nuevo! ¿Qué tal estás? Mucho tiempo sin escribirte. Bueno, he vuelto en forma de artículo de revista una vez más y esta vez con un resumen de mi experiencia vital con un deporte que se ha afianzado en mi vida como un pilar importantísimo. Una actividad física que ha remodelado mi forma de pensar, mi cuerpo y hasta mi manera de ver el deporte. Podría decir que he encontrado la horma de mi guante con el entrenamiento de boxeo.

Hace aproximadamente un año y cuatro meses entré por primera vez en el céntrico club deportivo José Valenciano, decidido a apuntarme a boxear. Es algo que llevaba mucho tiempo planteándome hacer. Me llamaba la atención, me atraía y me daba miedo y o respeto, así que tenía que intentarlo. Todo aquello que me da miedo, me atrae.

Todo lo que aparenta ser difícil, me llama la atención. Será porque soy medio espartano, tonto o por mi afición al deporte y a la vida sana. No lo sé. La cuestión es que el cuerpo me lo pedía.

Volviendo atrás en el tiempo por un momento, recuerdo tener doce años y ver que mi padre veía combates de boxeo en la televisión, no siempre, no de una forma en plan súper fan, pero si que al hombre le gustaba ver de vez en cuando una buena pelea en la televisión. Y lo más fuerte todavía, es que hace no muchos meses me enteré de que a mi mamá también le gusta este deporte. Jajaja… Si es que de algún lugar me tenía que venir la vena. Menuda tropa somos.

Quique Guijarro con su entrenamiento de boxeo, dando golpes a la bolsa
Mi entrenamiento de boxeo

Según entré en el gimnasio, el muchacho de la recepción, majísimo por cierto, me aconsejó todo lo que le recomiendan a los nuevos usuarios, una prueba y que luego decidas. Yo respondí a sus sugerencias comprándome allí mismo un par de guantes, unas vendas, un bucal y pagando el mes completo. El chico flipó un poco, debo reconocer. Pero es la impresión que suelo causar por normal general. Soy el motivado de turno al que le mola todo lo que sea un reto físico.

Maduro las decisiones importantes de mi vida con mucho tiempo, eso no lo dudes, a pesar de mi aspecto de ser vivo impulsivo e hiperactivo. Cuando me decido a ir a por algo, nada ni nadie me detiene. No soy cabezota, soy persistente y perseverante. Una manera fina de decir que meto la cabeza por el agujero de una llave si me lo propongo.

Nervios en el estómago, ropa para cambiarme, la toalla, el neceser, todo listo. Ese día guardas hasta el ticket de los guantes y las vendas. Aunque luego lo tires en cuanto llegues a casa, pero es que el primer día de algo nuevo mola muchísimo. Me hace una ilusión increíble. Mira que me gusta ser el nuevo en una clase de lo que sea. Mi primer día recibiendo clase de boxeo.

Hay un momento, en el que crees que tienes una buena o aceptable forma física y crees que puedes capear cualquier situación físico deportiva con una dignidad medianamente respetable, hasta que entras en una clase con cualquiera de los entrenadores de este lugar.

Los deportes de contacto ejercitan el cuerpo por completo de una forma tan general y a la misma vez específica que, como te decía hace unas líneas, te remodela el cuerpo por completo. De veras que casi me da un parraque aquel día. Qué pena daba por dios.

No soy una persona que tenga sobrepeso y nunca lo he sido, pero antes de cumplir un año boxeando, perdí la friolera de catorce kilos. Mi cintura se redujo como la de la mismísima Cher, mi espalda y brazos crecieron, y mis piernas redujeron su tamaño como nunca antes lo habían hecho. Sin olvidarme de lo más importante, mi corazón había aumentado su capacidad de bombear sangre a mis músculos de forma suficiente para que a día de hoy pueda entrenar dos horas seguidas a máxima intensidad.

“Se boxea con los pies, se pega con las manos y peleas contra tu mente”

Sinceramente, para mi, estar en forma no es tener un cuerpo de escultura griega, es que puedas echar a correr sin escupir los pulmones y no acabar con la cara como un tomate a punto de estallar.

Lo más fascinante de mi experiencia con el boxeo es que pierdes el miedo al contacto, a que te peguen vamos, para que me entiendas. Como su propia definición lo dice, es un deporte de contacto. Resurge entonces en este texto el olvidado respeto, el necesario compañerismo y el imprescindible acto de conocerse a uno mismo. He aprendido que lucho contra mi mismo en cada clase. Ante el saco a puñetazo limpio, acompañado del sudor y cansancio propios de cada entreno, peleo contra mi cabeza, mi pereza y mi propio ego, buscando romper mis límites. Quiero aprender a defenderme de mi mismo y de paso de quien tenga frente a mi en el ring.

Al contrario de lo que todo el mundo piensa a priori al proponerles acompañarme a una clase, no hay violencia por ningún lado. Es un deporte, y es uno de los más completos que haya practicado jamás. Es un ejercicio que me ha hecho superar los momentos de tiempo muerto y los pequeños achaques de ansiedad por el estrés diario. Mi entrenamiento de boxeo es una escapatoria, es mi rincón, mi momento.

Entrar por la puerta saludando a quien me cruzo, recibo de vuelta una sonrisa amable hasta del más grandote y de aspecto más romano. Me encanta poder charlar con los competidores y con las competidoras que se enfrentan en las veladas durante la temporada, sometiéndose a entrenamientos completamente espartanos. Esfuerzos sobrehumanos que merecen el mayor de los premios, la victoria. Son luchadores de la vida. Personas de diferentes nacionalidades, sexos, alturas, pesos, etc, que comparten una pasión, el deporte y la vida sana. Y eso me fascina.

“Luchas contra ti mismo y la persona que se pone delante de ti, es tan solo tu oponente”

Soy un enamorado de la vida, como sabes, y lo que más me gusta de practicar muchos deportes y muy diferentes, es la cantidad de gente que conozco en cada clase y en cada lugar al que asisto como alumno. Relacionarse, conocer gente, aprender, empatizar, disfrutar de las amistades que el deporte forja es una de las cosas que más valoro de mi vida. Vencer los miedos con el entrenamiento de boxeo

Subirme a un ring a guantear con un contrincante que no tiene intención de matarme, si no de practicar lo aprendido en clase, es sin duda la mejor forma que he podido encontrar para vencer los miedos que me queden por reducir a cenizas dentro de mi.

Mirándome al espejo en el vestuario antes de entrar a la ducha, veo las gotas de sudor caer incesantemente por mi cara y resbalar por todo mi agotado cuerpo. He superado la sesión. Siento orgullo y satisfacción. Lo he logrado.

He vencido este combate a la pereza y a mi mente.

¿Cómo puede ser que el boxeo sea un deporte en el que aparentemente se usan solo las manos y acabes siempre con un temblor de piernas tan exagerado que te tienes que sentar antes de entrar en la ducha para no caer rendido?

El combate de mi vida es sin duda salir de casa cada día para afrontar cada pequeño detalle que me hace crecer, madurar y aprender de las experiencias. La vida se simplifica después de un buen entreno. Lo que hay que afrontar cada momento que vivimos no es una persona que se planta frente a ti con intenciones de aterrizar sus guantes en tu cara y cuerpo. La vida nunca será peor que un asalto en el que estás tan agotado que no puedes mantener la guardia arriba. Y de no hacerlo, tu contrincante aprovechará tu despiste para encajarte algún golpe. Eso si es difícil.

El entrenamiento de boxeo me ha enseñado más profundamente quién soy y de lo que soy capaz. Este bello y noble deporte me ha demostrado que el respeto y el compañerismo se construyen con entreno duro y paciencia. Gracias Abraham, José, Javi, Jesús y Dani por enseñarme a amar este deporte.

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